Fotografía: América Pérez
El Pachuca Rockfest estuvo muy cool, no hay otra forma de decirlo. Fue uno de esos días donde todo pasa, y la neta, salimos con el corazón lleno, la garganta rasposa y los pies molidos pero felices. Empezamos fuerte: el evento arrancó a tiempo, y eso ya es digno de aplausos porque sabemos cómo suelen ser estas cosas. ¡10/10 por eso, organización!
Lamentablemente nos perdimos la presentación de Hey Sebas porque nos tardaron en dar las entradas, pero sí llegamos a su conferencia. Y qué decir, se ve que el muchacho trae dirección, aunque su carrera apenas empieza. A ver qué le depara el destino… ojalá no sea abrir el festival mientras aún estamos haciendo fila.
Después llegaron los Dromedarios Mágicos, y wow, qué buena onda de banda. Ya los había escuchado en vivo antes, pero no decepcionan. Tienen ese tipo de rock chill que no te duerme pero tampoco te quiere romper los tímpanos.. Un show relajado, pero con momentazos como cuando el vocal dijo “alv me wa bajar del escenario” y pues se bajó. En su conferencia igual se notó su vibra tranqui y, gracias a un comentario por ahí, el festival nos dio agua gratis… UNA vez. Pero hey, se agradece. ¡Gracias! oigan y por ahí salió el chisme de que estaría chidismo una collab con Ha*Ash!
Luego llegaron Los Blenders y aquí empieza la controversia. Honestamente, no sé si hicieron soundcheck o si ensayaron, pero… todo sonaba medio raro. Quizá fue percepción mía, pero no me conectaron ni en el escenario ni en la conferencia. Encima salieron con que “ya no se puede innovar en el rock porque todo está hecho”… Uhmmm pásenle el chisme y díganle eso a Bring Me The Horizon que anda con IA, cuerdas, ópera, gritadera, canciones de cuna y quién sabe qué más innovando. ¡Quedaron!
Después vino una grata sorpresa: Golden Ganga. No los había visto jamás y su energía es increíble. Aunque el reggae no es lo mío, la neta lo disfruté muchísimo. Súper pro, buena actitud, y en conferencia dejaron claro que una colaboración con Maná sería un sueño. Y yo digo, ¿por qué no? ¡Maná, escúchalos (y escúchennos)!
Y desde aquí el cartel se puso pesado —en trayectoria, no en sonido—. Empezamos con Porter, que siempre me hace preguntarme por qué demonios no tengo su música en Spotify si en vivo me encantan.
Luego llegó Inspector, pura fiesta, energía y trompetazos. En mi jamás humilde opinión, ellos merecían cerrar o mínimo a que cayera la noche. ¡Pusieron a bailar hasta a los vendedores de micheladas!












Plastilina Mosh fue otro highlight. Solo los había visto una vez (o eso creo) y me acordé por qué son tan icónicos. El público los recibió increíble.
Y entonces… The Warning. Aquí vienen los dramas. Tocan brutal, eso nadie lo discute. Pero híjole, el control emocional en el escenario no fue su fuerte. Tuvieron fallas de audio (y no no fue culpa del festival, a ellas se les fueron las secuencias) y en un segundo ya estaban discutiendo en vivo y a todo pulmón. Literal, tengo fotos en primera fila de la gritoniza de Pau a su drum tech. Un momento incómodo, pero la gente las quiere un montón perdonaron y hasta disculparon esto echándole la culpa al audio del evento y cerraron con fuerza con “Automatic Sun”. Solo les diría: menos tensión, más showgirl vibes (por cierto pronto la peli en cines).
Camilo VII fue como ese viaje en carretera con tus amigos cuando ya bajaste las ventanas y estás sintiendo el viento. Su música fluyó sin fallas y nos regaló joyas como “Contacto”, “Ser humano” y “Vicio”.











Confieso que durante Sabino me escapé por comida (¡prioridades, oigan!) pero desde la zona de comida se escuchaba clarito cómo la gente se prendió con “Única Testigo”. También fue el único que usó bombas de papelitos. Detalles que se agradecen porque son como esa droga visual y estimulante de serotonina.











Y ya casi sin piernas, llegamos a Siddhartha. ¿Cómo aguanté? No lo sé, pero él sí nos aguantó con un show de hora y media, cambio de escenario incluido. Nos regaló momentos íntimos, acústicos y canciones que movieron fibras sensibles como “Acapulco”, “00:00”, “Únicos” (mi fav) y “Brújula”. Cerró el festival como solo él sabe: con corazón.
Gracias, Pachuca, por darnos emociones, música, talento y dramas.
Nos vemos en 2026, que seguro será el triple de chido.



